A medida que comenzamos la transición hacia el otoño, es posible que deseemos hacer un balance de lo que nos está sirviendo en nuestras vidas y lo que podemos dejar atrás con el calor del verano.
Cuando las temperaturas empiezan a bajar gradualmente, encuentro una satisfacción reconfortante cuando las cosas comienzan a callarse un poco. Marzo nos acercó al equinoccio de otoño, una estación para recargarnos, descansar, y un momento para llevar nuestra mirada hacia adentro por los próximos meses, para luego volver a crecer y expandirnos.
El otoño es una época de cambios, una puerta de entrada para comenzar el siguiente ciclo. Para mí bajar un cambio, mirar hacia adentro y escuchar profundamente nuestro cuerpo y corazón es quizás la forma más significativa de cuidado propio que podamos hacer. Cuando somos más compasivas y estamos más conectadas con nosotras mismas, podemos ser más compasivas y estar más conectadas con los demás y el mundo que nos rodea. De esta manera, nuestra práctica no sólo nos beneficia a nosotras, sino que beneficia a todas las personas con las que nos relacionamos.

Cuando el otoño comienza a ralentizarnos también nos recuerda la importancia de saborear los momentos más pequeños. Es un momento para deshacernos de lo que quizás ya no sea necesario, para valorar lo que necesitamos y prepararnos para todo lo que deseamos que nos llegue a nuestras vidas. Es un momento para reconectarse con amigos y familiares o un momento para representar una limpieza otoñal y reflexionar y concentrarse en los proyectos que tal vez olvidamos en el calor del verano o incluso comenzar nuevos.
El otoño siempre me recuerda lo transitorias que son las cosas. Me recuerda que así como las estaciones cambiarán nosotras también y que (por muy cliché que sea decirlo) todo es temporal y eso no tiene por qué ser algo negativo. Podemos usar esto para recordar que incluso las cosas más difíciles pasarán y que lo que puede parecer tan insuperable o tan oscuro también pasarán. Me anima a intentar vivir el momento y apreciar lo que tengo.
De la misma manera que los árboles mudan sus hojas en otoño para conservar su energía durante el invierno, debemos compartir la sabiduría del árbol soltando lo que ya no nos sirve, dándonos espacio para nutrir lo que realmente es importante para nosotras.

Con gratitud,
Mumi

