Estoy aquí para hacerte una invitación sin presiones: ¿y si este año fuera tu año de yoga? Ahora, antes de que te imagines retorcida como un pretzel y pasando horas en tu mat, escuchame…
Personalmente, me gusta decir que el yoga me hace una mejor persona. Calma mi alma. Soy planificadora, me gusta estar ocupada y, sinceramente, subirme a mi mat o meditar es lo que me genera armonía. Este año, vuelvo a comprometerme con mi práctica, no porque deba hacerlo, sino porque la vida es demasiado corta para no sentirme bien. Y te extiendo esta invitación flexible y libre de culpa.
Claro, la vida pasa. Por momentos estamos activas y por momentos nos pasamos horas tiradas en el sillón. Pero esa es la belleza del yoga: es el amigo más comprensivo que jamás tendrás. No importa si apareces con tus leggings de Lululemon o en piyama, o si practicás 60 minutos o solo 10. Tu práctica se nutre de alguna manera cada vez que te subís al mat.
Entonces, hagamos un trato. Sin promesas poco realistas, sin presiones. Solo una puerta abierta para intentar movernos un poco más, respirar conscientemente y tal vez reírnos un poco de nosotras mismas cuando las cosas no salen como las planeamos. El yoga es un viaje, no una carrera. Crece y se adapta con vos.
Abracemos el 2024 con los brazos abiertos y tal vez con un poco de esfuerzo. Encontremos juntas alegría en el viaje, paz en la práctica y tal vez descubriremos que el mejor compromiso es el que hacemos para ser nosotras mismas más auténticas y, en ocasiones, menos desequilibradas.


